Mostrando las entradas con la etiqueta encantos de un vampiro. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta encantos de un vampiro. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de diciembre de 2013

Encantos de un vampiro: 2


Capítulo 2: Encuentros y memorias desagradables



El orgullo aparece en mi pecho cuando leo este capítulo, porque va en un sentido contrario, la emoción aparece en el primer instante y se va opacando, hasta llegar a un momento emocional, algo helado.

Perfecto~~
Atte A. Lady
-----


Me perdí en la oscuridad de mi cuarto, sintiendo como mis brazos eran rasguñados por mi nerviosismo, hasta llegar a sangrar, y a pesar de que no había salido a cazar, las esperanzas de morir, seguían siendo solo una ilusoria idea.


Seguía soportando como mi mente era atormentada por el recuerdo constante de Leigh, pero no de cualquier forma, porque mi cuerpo me exigía ir a buscarlo, matarlo y por fin, beber su exquisita sangre, incluso mi corazón latía con rapidez, al recordar como su cuello blanco y perfecto, podía ser destruido por mi instinto.


Por primera vez, siendo vampiro, me sentía enamorado de alguna forma enfermiza, ya que realmente deseaba comerlo, más cuando escuchaba como tocaba la puerta, “Lysandro abre, tienes que ir a comer “, decía continuamente, dándome a entender que estaba a tan pocos metros, tan fáciles de atravesar, pero imposibles para mi conciencia.


Sabía que estaba preocupado, ya que no tenía un manual para actuar, pero intentaba seguir su vida, yendo al trabajo o juntándose con Rosa, con la cual por fin comenzaba a conocer que eran las pasiones carnales. Sin embargo, a pesar de estas distracciones, los días pasaban y sus dudas comenzaron a aumentar. ¿Acaso había matado al vampiro de la familia?, se preguntaba con frecuencia y se dignaba a tocar nuevamente la puerta.


Cuando ya había pasado un mes, y mi cuerpo se sentía notoriamente débil, al igual que mi mente, un nuevo impulso estúpido del joven, hizo que despertará nuevamente. Sentí como se colocó al lado de la puerta y comenzó a cortarse sus muñecas, aumentando mis deseos al instante.


- Lysandro abre, tienes que comer – dijo con valentía, repitiendo nuevamente su frase, pero no recibió ninguna respuesta, ya que a pesar de esa sed que contenía, el cariño que aun albergaba me inducía a desear pegarme contra un muro, hasta que mi cabeza explotara, porque deseaba engañarlo, que se enamorar de mí, besarlo, y un día matarlo mientras mi nombre fuera repetido entre sus suspiros.


Como mis sentidos estaban más atentos que nunca, cuando sentí como una de sus gotas resbalo hasta estrellarse contra el piso de madera, todos mis pensamientos desaparecieron, limpiando por fin mi mente. Me levante sin las suficientes fuerzas para estar de pie sin tambalear, pero camine hasta la puerta y la abrí con una sonrisa en mi rostro.


-Leight, no deberías hacer algo así en frente de un vampiro – exclame sin poder quitar mi enfermiza expresión, pero ignorando mis gestos, respondió, - No puedo dejar que te quedes ahí por la eternidad.


-Tienes razón, tú siempre has sido tan amable- respondí, y agarre uno de sus brazos, para inclinarme ante él, logrando de este modo, besar su mano hasta encontrarme con sus nuevas heridas, que desbordaban el preciado líquido recorriendo su muñeca, la cual lamí, siendo hechizado por su sabor.


Levante mi vista, para poder divisar como sus ojos me miraban anonadados, sin poder comprender en que se había metido,  “Los humanos son…Maravillosamente ingenuos” me repetí, y me levante, para besarlo superficialmente, solo juntado sus labios con los míos, provocando que se asustara más, lo cual  me fascino, porque ingenuamente intentó alejarse.


-¿Qué haces? – dijo tapando su boca, sintiendo como sus labios habían quedado húmedos, y al alejar sus dedos, vislumbro que lo había manchado con su propia sangre, asustándose más y más, porque el singular hombre que había vivido toda su vida junto a él, por primera vez le rebelaba parte de sus secretos.


- No me mires así, si tú querías esto, ¿No, mi querido hermano? – dije calmado, volviendo a acercarme a mi presa con lentitud, ya que disfrutaba la tortura que vivía su mente. Retrocedió dos pasos, hasta chocar contra la pared del pasillo.


Levante su barbilla con delicadeza, observando como sus ojos se hundían en su propio temor, “Estas perdido mi querido Leigh” pensé, y apoye mi brazo sobre la pared, dejándolo acorralado y sin ninguna forma de escapar de mi trampa.

Sus labios se entreabrieron porque su respiración se intensifico solo por el nerviosismo que lo apresaba, y por fin, lo bese con euforia, sin dejar que sus intentos por salir de este contacto acabarán.


Mi conciencia se había ido lejos, infestándome de ese puro deseo que me apresaba, incluso en ese momento me pareció un buen chiste el hecho de que yo lo había criado, para poder tener una buena cena. Mi trampa era simple, los humanos al sentir mi sabor, quedaban hipnotizadas, cayendo en la más lujuriosas experiencias  que sus sentidos pudiesen afrontar, así que ya no tenía que acorralarlo, porque intentando revivir las sensaciones que le transmitía, continuo recorriendo mis labios, aumentando la intensidad de los movimientos y su respiración se agito bruscamente.


Me aleje para que tomara aire y comencé a besar su cuello, sintiendo su suave y lisa piel, ¿Cómo antes no me había dado el lujo de tocarla?, me pregunté, para comenzar a desabotonar su camisa, porque necesitaba sentir más ese calor, que solo podía transmitirme un ser tan vivo como él.


Su piel ardía, al punto que había comenzado a sudar, provocando que cada leve roce de mis manos, fuera un nuevo sofocante respiro, que intentaba callar en vano, -No intentes resistir- le indique divertido, porque conocía mi propia esencia, la cual resultaba ser un completo afrodisíaco para un simple mortal.


A pesar de que deseaba recorrer y examinar todo su cuerpo, la tentación me ganaba, solo deseaba morderlo, hasta desaparecer toda la sangre de su cuerpo, porque yo lo cautivaba con mi naturaleza, pero él a mí, me fascinaba con el flujo que recorría escandalosamente sus venas, exigiendo ser liberado para ser consumido por mi sed.



Con rapidez, y con mis ojos nublados, desabroche sus pantalones, los cuales cayeron, por su peso, y pegue mi cuerpo contra el suyo, sintiendo que tan excitado estaba, lo cual provoco un pequeño quejido de sus labios; e intentando esconderse, apoyo su cabeza en uno de mis hombros, lo cual solo me hizo pensar: “Debo controlarme más, al parecer será más divertido si lo llevo al límite”.


Se afirmó de mis brazos, y yo lo abrace por su cintura, para que no se desvaneciera, porque si seguía así, probablemente se desmayaría. Con mi otra mano comencé a construir un camino en línea recta por su torso, hasta llegar al límite de su ropa interior, donde volvió a levantar su cara y con unos ojos sin brillo alguno, busco mis labios nuevamente, suplicando que avanzara.


Con rapidez busco adentrar su lengua en mi boca, ¿Qué cosas había aprendido con la mujerzuela de su novia?, me pregunté, ya que no podía tenerle ningún respeto a una mujer que entregara antes del matrimonio, pero olvidándome de aquello, continúe su juego.


Baje hasta llegar a su entrepierna, provocando que gimiera y acabara nuestro beso, sin embargo, no me importo, porque el calor que desprendía  su cuerpo, me cautivaba, así que sin esperar más, saque su miembro, para comenzar a masturbarlo, inundándome en su placer y sus sonidos, que solo  yo podía provocar.



Me aleje un poco, a pesar de que intento aferrarse a mí, porque necesitaba verlo, no podía perderme esas expresiones, y al obligarlo a casi acostarse de nuevo en la muralla. Vi como de su boca aun caía un hilo de saliva, y se desprendían sus quejidos con un ritmo único, en cambio, sus ojos, se habían perdido en alguna parte, porque estaban desvanecidos en un opaco gris, y sus mejillas se veían rojas, por la fiebre que lo apresaba.


-…Lysandro… p-ara– dijo en su inconsciencia,  ¿Acaso eso era fuerza de voluntad?, me pregunte sorprendido, y sentí como se desplomo en mis manos, manchando todo con su caliente esencia. Observe el fluido blanco caer entre mis dedos, y escuche su caótica respiración, percatándome de todo, ¿Qué estaba haciendo?.



Retrocedí unos pasos, alejándome de la figura, la cual termino deslizándose por la pared, agarrando su pecho, y con uno de sus brazos tapo sus ojos, para comenzar a llorar silenciosamente, porque no podía creer lo que había permitido que hiciera, incluso lo peor era que no lo había podido evitar, porque me había deseado desenfrenadamente, sufriendo los encantos de un vampiro en carne propia.


Salí corriendo al ver esa escena, porque nada de lo que había hecho estaba bien, así que con toda la velocidad que podía alcanzar, fui a buscar a una nueva presa, para poder acabar con el calor de mi cuerpo y mi sed.


En cambio Leigh estaba perdido en sus propios pensamientos, y a pesar de que intentaba auto-calmarse, cada vez se preguntaba, “¿Hasta qué punto me hubiese dejado llevar?”. Volvía su desesperación de esta manera, porque tenía miedo de volver a sentir ese fuerte deseo por mí, al igual que yo no podía permitirme acoger ese acalorado sentimiento.



Volvió a suspirar, intentando ordenar sus ideas, porque hace poco había perdido su virginidad con Rosaly, la cual amaba con locura, o eso creía hasta ese momento, porque lo que había vivido era mayor a todo lo que alguna vez había sentido, incluso la sensación de mis labios aún permanecía, junto a su propia sangre.


--



Me observe en el gran espejo de la entrada, y vi como mi ropa había quedado inutilizable, porque estaba manchada con la sangre de mis víctimas de manera caótica. Nuevamente había caído en el vicio de buscar el liquido en su "recipiente original", y ni siquiera una dama había logrado aliviar mi mente.



Al levantar mi vista, observe a Leigh, que se había vuelto a vestir y parecía desear decirme algo, pero al verme en tal estado, volvió a aterrarse, porque comenzó a tiritar, abriendo sus ojos con temor, y salió de mi presencia lo más rápido que pudo.



“Pobre Leigh” pensé, recordando que no siempre  había sido un chico inseguro y temeroso, o al menos no estaba destinado a serlo, ya que al igual que todos sus ascendientes, había nacido para ser dichoso, porque tenía una familia que lo amaría como ninguna otra y poseía a su disposición todas las riquezas del mundo. Pero el universo, desde que tengo memoria, ha sido cruel, y a pesar de que había olvidado este concepto por mucho tiempo, volvió a aparecer, cuando vislumbre que todas las maldiciones y malas vivencias habían caído en ese niño, que apenas podía reconocer la magnitud de sus problemas.



Recuerdo que la primera vez que lo vi, abrió sus bellos ojos, los cuales tenían un aire felino por su corte, y un singular brillo apareció, lo cual me desconcertó por unos segundos, pero por la impaciencia de los padres, que deseaban conocer mi primera  opinión, solo les sonreí, -Es un bello niño – asegure, e intente olvidar tal escena, ya que recién había ingresado al mundo, y no podía inducir que ya lo entendía, así que ese momento extraordinario, tuvo que catalogarse como imposible.



Comenzó a crecer con rapidez, y como ya estaba acostumbrado a no figurar el tiempo, solo me entretenía observándolo a lo lejos para que no se lastimara, aunque más de una vez me pillo distraído, abrazándome o escabulléndose hasta quedar sentado en mis piernas para que le leyese algún libro, lo cual me agradaba, a pesar de que la mayoría de las veces se quedaba dormido, ya que mis pasiones aun no eran lecturas aptas para su edad.



Cuando tenía que catalogarlo, solo reconocía que era adorable, porque socializaba con todo su alrededor, mostrando la plenitud de su inocencia, ya que en más de una oportunidad lo tope hablando con plantas o con el mismo aire, porque aún no podía atribuirle que tenía amigos imaginarios, ya que no conocía muchas palabras, pero esto no era un obstáculo para que se enfrascara en sus propias aventuras, las cuales solo entendería si tuviese cuatro años.



Todo transcurría con normalidad, lo cual me relajaba en muchos sentidos, pero esto fue un mal acto de mi parte, porque no logre divisar lo que él vio venir.



Cuando cumplió seis años, sus padres decidieron darse el lujo de realizar un viaje para celebrar su aniversario, ya que consideraban que su hijo ya estaba en condiciones para quedarse unos días a mi cuidado, pero cuando se lo notificaron, una extraña desesperación apareció en Leigh, lo cual nos alarmo, porque no solía armas tales escándalos, incluso lo consideraba más sereno que cualquier chico de su edad, sin embargo, sus lágrimas y gritos no fueron suficientes para parar a sus padres.



Y ahí comenzó a comportarse diferente, convirtiéndose en un chico triste, que preguntaba una y otra vez, “-¿Lysandro, cuándo volverán?”, lo cual me incomodaba un poco, pero solo me dignaba a responder con un simple: “Pronto”, y volvía a deprimirse.



Comúnmente se encerraba en su pieza y se dejaba deslizar por la pared, hasta quedar sentado en el suelo, escondiendo su cara entre sus rodillas, porque los extrañaba con locura. “Tal vez fue muy precipitada la decisión de dejarlo sin sus familiares por tantos días” pensaba, sin encontrar algún remedio.



Un día con los ojos llorosos volvió a preguntar, y lo mire extrañado, -¿Por qué siempre consultas aquello?, ¿Acaso crees que no van a volver? –  pregunte con un tono bromista, porque no podía creer que pensara ese tipo de cosas, teniendo dos padres que lo amaban sobre todo.


-No mientas, mentir está mal, dime que ellos no volverán… - respondió con rabia, dejándome atónito, pero solo pude secar sus lágrimas y estrecharlo contra mis brazos, para que escondiera sus sollozos, porque aún no entendía cuál era su fundamento para tener ese miedo.



Sin saber qué hacer, porque nunca antes me había topado con tal depresión, solo pude observar como las energías del joven se desvanecían cada día más, hasta llegar al punto en que sus sonrisa se desvaneció por completo. – Leigh, queda poco para que vuelvan tus padres, ¿No estas contento? – exclame buscando algún rastro de su felicidad, pero continuo jugando con un carrito, moviéndolo de un extremo a otro, sin ningún sentido, - No, porque sé que no volverán.



Suspire por su respuesta, y fui a coger el teléfono que sonaba. Tal vez todos habíamos estados equivocados menos él, pero por alguna razón, el mensaje que me transmitieron, me dejo sin aliento, pero no por el hecho de que el viaje de sus familiares se había vuelto eterno, sino más bien, porque pudo divisarlo, sin saber la noticia directamente. ¿Acaso su relación había sido tan fuerte que pudo percibirlo?, me pregunte millares de veces, pero aun así, no podía brindarle tales poderes a un pequeño.



Lo demás fue historia, porque su dolorosa vida recién comenzaba, ya que en el entierro no derramo ni una lágrima, a pesar de que esperaba todo lo contrario, sin embargo, considerándolo mejor, él había comenzado su luto hace más tiempo que todos.



-Lysandro, ¿Ahora quien me cuidara?,¿Me darás en adopción? – Preguntó con miedo cuando volvíamos a casa, siendo sus primeras palabras con algún rastro de sentimientos en mucho tiempo, así que me alegro en cierta forma, - Yo te cuidare por siempre – respondí con una sonrisa, intentando consolar en vano sus vivencias.


–Pero…¿Cómo aprende a vivir, si tú estás muerto? – dijo con gran claridad, deteniendo su caminar, para que entendiera lo preocupado que estaba, pero me quede sin ninguna idea. Él aun no conocía mi condición, ya que aún era muy pequeño para entender qué clase de criatura vivía junto a él, pero, como siempre, lograba deducir su entorno de maravilla, sin la ayuda de nadie, lo cual iba a ser una ventaja para su futuro.



-Lo intentaremos de algún modo, pero necesitare una gran colaboración de tu parte, ¿Está bien? – pregunté agachándome hasta quedar a su altura, y como si mi corazón lograra tocar lo que era la felicidad hasta llegar a un punto reconfortante, me sonrió después de mucho tiempo, asintiendo. Comenzando así la historia de un vampiro que iba a criar a un niño.



Me senté en mi sillón, divagando entre estos recuerdos, ya que yo no podía seguir dañando a quien más había cuidado, porque Leigh, ya sufrió lo suficiente…





-----

Encantos de un vampiro:1


Capítulo 1: Historia de un vampiro

Pareja: [Lys x Leigh]

Que bárbaro es encontrar un viejo fic y re-hacerlo, no saben lo feliz que me siento. Mi único problema es que se parece a muchas historias de vampiros, ¿Pero otra más no nos caería mal, no?


Atte A. Lady

----


Si necesitaras cazar a humanos para vivir, estoy seguro que cambiarías tus horarios, porque desgarrar a un ser en plena calle, no es un gran espectáculo, lo admito, y puedes fiarte de mi palabra, porque lo he vivido más veces de las que puedo recordar.



Los vampiros no somos como todos creen, no brillamos, el sol no nos hace daño, ni tenemos colmillos afilados todo el tiempo, y mucho menos somos tan pálidos como el papel, simplemente hemos caído en malos estereotipos por inventos de la sociedad, desde estúpidas películas, hasta por el poco análisis de nuestra conducta, pero los humanos son… Maravillosamente ingenuos, lo cual me parece una virtud, a pesar de mi condición de cazador, porque acepto que son unos animales exóticos y cautivadores.



Lo único que podría definir a un buen vampiro es que no podemos dejar de beber sangre humana, incluso, aunque he intentado buscar otras alternativas, la suya es la mejor, pero no por ello me he vuelto una bestia, todo lo contrario, siento que muchas veces soy más civilizado que cualquiera, y de seguro es producto por el mayor temor que apresa a los de mi clase,  la soledad, que nos hostiga y atormenta diariamente, porque los siglos pasan y todos mueren con  una rapidez insospechable. Así que me puedo definir como un ser lamentable, que vive solo para sufrir y hacer sufrir, y haga lo que haga, nunca tendré el poder para descansar, pero dejando mis pobres tormentos, actualmente tengo mayores problemas.



Con los ahorros de toda una vida inmortal, podía darme el lujo de hacer casi lo que quisiera y en mi plena tristeza, mientras caminaba por un valle, buscando una nueva cena. Observe a una familia tan unida como ninguna otra, que me hipnotizo con su calidez, porque parecía perfecta, lo cual hizo que mi cuerpo se llenara de la más horrible envidia, ya que mis seres queridos ya habían muerto, y lo único que quedaba de mi clan, eran rumores y maldiciones.



Los seguí hasta llegar a su hogar, el cual era muy pequeño para tantos niños y adultos, pero aun así, parecían ser dichosos, incrementando mi ira, así que entre, escandalizando su bella vida, e intente asesinarlos, pero una de las mujeres, que resultó ser la más anciana y aprensiva, me ofreció un trato, tan satisfactorio, que no pude evitar aceptar. Me prometió que sería parte de su familia sin ningún rencor y por la eternidad, dejaría que cada generación, tras generación me cuidara y quisiera como igual, porque según ella, y con mucha razón, nadie merecía estar solo.



Debido a esta promesa, logre conocer a cada uno de sus miembros y ver como se iban transformando con mi gran riqueza, provocando que cada generación naciera con más éxito que la anterior, dando como resultado, toda clase de personalidades en nuestro circulo. Y  a pesar de que cada individuo nacía con facciones finas y delicadas, junto a un cabello negro y ojos oscuros, nunca me atreví a caer en la tentación de interesarme en alguna de las damas, porque sentía que eran mis hijas, al igual que los varones, así que no tuve ningún problema al respecto, ya que solo dejaba que mis ojos se impresionaran.



Pero por las inesperadas vueltas de la vida, está gran familia, fue disminuyendo en número caóticamente, principalmente, porque la sociedad comenzó a cambiar y nacían menos hijos en los matrimonios, hasta llegar a tener solo un compañero que regulaba mi consumo de sangre, que por su edad, tenía el nombre de mi “hermano Leigh”, el último de la familia Ainsworth.


Como era de esperar, había sacado las típicas características de su familia, pero con la singularidad de amar la época victoriana, así que se vestía muy parecido a mí, pero de una manera más excéntrica, por ser un joven en pleno siglo XXI. Y al hablar de su carácter, no me podía quejar, era amable y educado, pero muy inseguro, por lo problemas que había tenido en su desarrollo, que después los detallare mejor.

-Lysandro viene Rosa – advirtió el pelinegro con rapidez, ya que tenía miedo de que su novia se enamorara de mí, aunque lo encontraba imposible, pero siempre argumentaba que era muy atractivo y no se fiaba de que realmente yo pudiera resistir al ver la nuca de una bella mujer.


- Está bien, saldré a comer – contesté con un tono amable, y me escape por la ventana, aterrizando perfectamente, y al voltearme, vi la mirada tormentosa de Leigh, que a pesar de ser criado por mí, podía asegurar que me tenía un miedo incalculable.


Camine por Las calles, las cuales siempre me parecían extrañas, ya que había nacido cuando recién los hombres se planteaban construir caminos con piedras y ahora, pisaba una mezcla de hidrocarburos que indudablemente no entendía. No sé si todo tiempo pasado fue mejor, pero lo único que realmente extrañaba, eran las mujeres refinadas y encantadoras, las que apreciaban pequeñas cosas, aparte del dinero, como la elegancia, la elocuencia, la naturaleza, su feminidad y dignidad, a diferencia las “señoritas” actuales, que me parecen bizarras en varios sentidos.


Entre a un callejón y vi a mi presa, una casa para donar sangre, lo sé, suena patético, pero hace varios años que había dejado de cazar personas, porque quería dejar de matar humanos, porque mi mente acarreaba ojos ya muertos, que continuaban observándome, lo cual era un tormento, así que robar, era lo mejor para mi conciencia.


Cuando ya había saciado mi sed, volví a casa, y me topé con él chico, el cual se veía extasiado y agitado, incluso nervioso, con un leve sonrojo en su rostro. No tenía que ser un genio para saber lo que había pasado entre los jóvenes, y por suerte Rosa ya se había ido, porque me costaba controlar mi enojo; la sociedad se podría, junto a esta bella familia, sin que pudiese hacer realmente algo.


Me senté en el living, y me siguió con su belleza exuberante, cambiando su miedosa expresión a una fuerte preocupación. Él, en especial había adquirido las encanto de su madre, lo cual había provocado que fuese más atractivo que otras generaciones, porque sus ojos eran rasgados, aparte llevaba un extraño corte de cabello, que le sentaba muy bien y por obviedad, jamás había sido visto en sus antiguos familiares.



-¿A cuántos mataste? – Preguntó sin dejar de observar mis ojos, para que contestara con la verdad. Solo pude suspirar, porque estaba aburrido de sus cuestionarios,  -Creo que aún no entiendes que yo ya no hago esas cosas – dije con un tono desalentador.


Miró hacía otra dirección, como si no me creyera, intentando imaginar los horribles homicidios que había cometido, -Sabes, lo estuve pensando y no quiero que busques más sangre de inocentes, este castigo que cargas… - exclamo con un hilo de voz que tiritaba.


-No pienses así Leigh, la felicidad y estabilidad que me ha brindado tú familia, ha desaparecido todo castigo – comenté con la esperanza de que se relajara por una buena vez, pero no parecía desear dejar sus propias torturas, porque continuo, - …No me refería a eso, yo…solamente deseo añadir un punto al pacto que lleva mi familia contigo -, lo mire extrañado, porque no entendía a donde deseaba llegar.


Sé que las nuevas generaciones son impulsivas, pero nunca llegue a imaginar lo que iba a ver, porque con rapidez saco del bolsillo de su chaqueta una navaja, y  cortó su cuello, generando una significativa herida, que comenzó a sangrar, - Puedes beberla – exclamo decidido.


-¿Acaso quieres morir? – pregunté casi suspirando. Deshice el nudo del pañuelo que llevaba en mi cuello y comencé a limpiar la sangre que brotaba. Tengo que destacar que era inmune a estas cosas, ya que hace siglos había cuidado a niños, y por obviedad, vivían cayéndose, por ende, la sangre de los  Ainsworth ya no hacía ningún efecto en mí.


- Pensé que podrías beberla, sin llegar a matarme… – respondió molesto, -Leight, te crié desde niño, incluso cuando tus padres murieron, te seguí cuidando, no podría desear tu sangre, ni siquiera si me la regalas de esa forma – añadí conmovido de alguna manera, hasta que volví a escuchar sus acusaciones: -Pero no puedo aguantar que nuestra familia ayude a que sigas matando gente.

Repetí que no hacía tales acciones frustrado, saque el pedazo de tela que se había teñido y observe como su cuerpo reaccionaba ante tal daño, cicatrizándose con rapidez, por lo menos podía estar orgulloso de que estuviera completamente sano.


-…También quería agradecerte… de alguna forma – susurro, mirando la nada, mientras era inspeccionado por mí, -¿A qué te refieres? – pregunté extrañado, -El otro día soñé contigo, veías como cada una de las generaciones de mi familia iban naciendo, creciendo, muriendo y seguías a nuestro lado cuidándonos.



-Ustedes también han hecho mucho por mí –, Intentaba bajar la horrible atmósfera que se formaba, pero el continuo, -Pero jamás podríamos pagarte, así que… por favor acepta mi sacrificio, que no soy bueno para estas cosas – dijo a punto de comenzar a llorar. Al parecer era muy apasionado en sus decisiones, eso le iba a traer problemas en un futuro, pensé para de nuevo mirarlo conmovido, porque de alguna manera, yo era él culpable de su extraña personalidad.


Me permití meditar un poco, porque no podía hacer aquello, iba a traicionar a tantas personas importantes en mi pasado, incluso, sí llegaba a descontrolarme, mataría al último de la familia, y por fin lograría que mis miedos se hicieran una realidad. Volví a mirar sus ojos decididos, que me apuñalaron con una grata sensación, porque en él, vivían las cosas que extrañaba, un mundo pasado y bello, donde la justicia se decidía con la palabra de un hombre.


Deje caer el pañuelo con su sangre y al ver que su petición iba a ser cumplida, nuevamente volvió a su clásica expresión de chico miedoso. Tome su cuello suavemente, provocando que se tensara por su nerviosismo, y con mi brazo libre, lo abrace, recorriendo su cintura, porque si llegaba a hacer un movimiento brusco, mi instinto de defensa reaccionaría, e indudablemente, eso acabaría peor de lo que pudiese desear.



Apoye mis labios en su reciente herida, sintiendo como el sabor se impregnaba en mi boca, cautivándome con su gusto, ya que la sangre recién salida era distinta a la ya extraída. No sé cuál es la razón de esa conducta, pero la sensación de tomar el líquido caliente, es sin duda más intenso que todas las pasiones humanas.


En ese momento exacto, fue cuando comenzaron mis problemas, ya que a pesar de haber vivido esa misma experiencia millares de veces con otros humanos, algo ocurrió que fue distinto, porque este niño, Leigh Ainsworth, ultimo en su familia, primero en ofrecerme algo así, tenía un sabor exquisito, tal vez porque mis sentimientos fraternales hacían mejor la experiencia, o porque lo había cuidado para que fuese un chico sano, y del mismo modo, con un sabor escaso en estos días.


Sin darme cuenta, comencé a herirlo, porque deseaba volver a abrir el corte, para que fuera más profundo y pudiese alcanzar más ese placer, pero un “Tsk…Lys..andro” me despertó, y lo empuje, hasta que cayó al suelo. Sus ojos me miraron perdidos, y dirigió una de sus manos a su cuello, para cubrirse e intentar apaciguar el dolor.


“¿Qué había hecho?”, me pregunte, para llegar a una peor pregunta, “¿Qué había intentado hacer?”. Al analizar todo fugazmente salí corriendo, y a pesar de que escuche su voz intentando detenerme, desaparecí con rapidez.






-----