viernes, 13 de diciembre de 2013

Encantos de un vampiro:1


Capítulo 1: Historia de un vampiro

Pareja: [Lys x Leigh]

Que bárbaro es encontrar un viejo fic y re-hacerlo, no saben lo feliz que me siento. Mi único problema es que se parece a muchas historias de vampiros, ¿Pero otra más no nos caería mal, no?


Atte A. Lady

----


Si necesitaras cazar a humanos para vivir, estoy seguro que cambiarías tus horarios, porque desgarrar a un ser en plena calle, no es un gran espectáculo, lo admito, y puedes fiarte de mi palabra, porque lo he vivido más veces de las que puedo recordar.



Los vampiros no somos como todos creen, no brillamos, el sol no nos hace daño, ni tenemos colmillos afilados todo el tiempo, y mucho menos somos tan pálidos como el papel, simplemente hemos caído en malos estereotipos por inventos de la sociedad, desde estúpidas películas, hasta por el poco análisis de nuestra conducta, pero los humanos son… Maravillosamente ingenuos, lo cual me parece una virtud, a pesar de mi condición de cazador, porque acepto que son unos animales exóticos y cautivadores.



Lo único que podría definir a un buen vampiro es que no podemos dejar de beber sangre humana, incluso, aunque he intentado buscar otras alternativas, la suya es la mejor, pero no por ello me he vuelto una bestia, todo lo contrario, siento que muchas veces soy más civilizado que cualquiera, y de seguro es producto por el mayor temor que apresa a los de mi clase,  la soledad, que nos hostiga y atormenta diariamente, porque los siglos pasan y todos mueren con  una rapidez insospechable. Así que me puedo definir como un ser lamentable, que vive solo para sufrir y hacer sufrir, y haga lo que haga, nunca tendré el poder para descansar, pero dejando mis pobres tormentos, actualmente tengo mayores problemas.



Con los ahorros de toda una vida inmortal, podía darme el lujo de hacer casi lo que quisiera y en mi plena tristeza, mientras caminaba por un valle, buscando una nueva cena. Observe a una familia tan unida como ninguna otra, que me hipnotizo con su calidez, porque parecía perfecta, lo cual hizo que mi cuerpo se llenara de la más horrible envidia, ya que mis seres queridos ya habían muerto, y lo único que quedaba de mi clan, eran rumores y maldiciones.



Los seguí hasta llegar a su hogar, el cual era muy pequeño para tantos niños y adultos, pero aun así, parecían ser dichosos, incrementando mi ira, así que entre, escandalizando su bella vida, e intente asesinarlos, pero una de las mujeres, que resultó ser la más anciana y aprensiva, me ofreció un trato, tan satisfactorio, que no pude evitar aceptar. Me prometió que sería parte de su familia sin ningún rencor y por la eternidad, dejaría que cada generación, tras generación me cuidara y quisiera como igual, porque según ella, y con mucha razón, nadie merecía estar solo.



Debido a esta promesa, logre conocer a cada uno de sus miembros y ver como se iban transformando con mi gran riqueza, provocando que cada generación naciera con más éxito que la anterior, dando como resultado, toda clase de personalidades en nuestro circulo. Y  a pesar de que cada individuo nacía con facciones finas y delicadas, junto a un cabello negro y ojos oscuros, nunca me atreví a caer en la tentación de interesarme en alguna de las damas, porque sentía que eran mis hijas, al igual que los varones, así que no tuve ningún problema al respecto, ya que solo dejaba que mis ojos se impresionaran.



Pero por las inesperadas vueltas de la vida, está gran familia, fue disminuyendo en número caóticamente, principalmente, porque la sociedad comenzó a cambiar y nacían menos hijos en los matrimonios, hasta llegar a tener solo un compañero que regulaba mi consumo de sangre, que por su edad, tenía el nombre de mi “hermano Leigh”, el último de la familia Ainsworth.


Como era de esperar, había sacado las típicas características de su familia, pero con la singularidad de amar la época victoriana, así que se vestía muy parecido a mí, pero de una manera más excéntrica, por ser un joven en pleno siglo XXI. Y al hablar de su carácter, no me podía quejar, era amable y educado, pero muy inseguro, por lo problemas que había tenido en su desarrollo, que después los detallare mejor.

-Lysandro viene Rosa – advirtió el pelinegro con rapidez, ya que tenía miedo de que su novia se enamorara de mí, aunque lo encontraba imposible, pero siempre argumentaba que era muy atractivo y no se fiaba de que realmente yo pudiera resistir al ver la nuca de una bella mujer.


- Está bien, saldré a comer – contesté con un tono amable, y me escape por la ventana, aterrizando perfectamente, y al voltearme, vi la mirada tormentosa de Leigh, que a pesar de ser criado por mí, podía asegurar que me tenía un miedo incalculable.


Camine por Las calles, las cuales siempre me parecían extrañas, ya que había nacido cuando recién los hombres se planteaban construir caminos con piedras y ahora, pisaba una mezcla de hidrocarburos que indudablemente no entendía. No sé si todo tiempo pasado fue mejor, pero lo único que realmente extrañaba, eran las mujeres refinadas y encantadoras, las que apreciaban pequeñas cosas, aparte del dinero, como la elegancia, la elocuencia, la naturaleza, su feminidad y dignidad, a diferencia las “señoritas” actuales, que me parecen bizarras en varios sentidos.


Entre a un callejón y vi a mi presa, una casa para donar sangre, lo sé, suena patético, pero hace varios años que había dejado de cazar personas, porque quería dejar de matar humanos, porque mi mente acarreaba ojos ya muertos, que continuaban observándome, lo cual era un tormento, así que robar, era lo mejor para mi conciencia.


Cuando ya había saciado mi sed, volví a casa, y me topé con él chico, el cual se veía extasiado y agitado, incluso nervioso, con un leve sonrojo en su rostro. No tenía que ser un genio para saber lo que había pasado entre los jóvenes, y por suerte Rosa ya se había ido, porque me costaba controlar mi enojo; la sociedad se podría, junto a esta bella familia, sin que pudiese hacer realmente algo.


Me senté en el living, y me siguió con su belleza exuberante, cambiando su miedosa expresión a una fuerte preocupación. Él, en especial había adquirido las encanto de su madre, lo cual había provocado que fuese más atractivo que otras generaciones, porque sus ojos eran rasgados, aparte llevaba un extraño corte de cabello, que le sentaba muy bien y por obviedad, jamás había sido visto en sus antiguos familiares.



-¿A cuántos mataste? – Preguntó sin dejar de observar mis ojos, para que contestara con la verdad. Solo pude suspirar, porque estaba aburrido de sus cuestionarios,  -Creo que aún no entiendes que yo ya no hago esas cosas – dije con un tono desalentador.


Miró hacía otra dirección, como si no me creyera, intentando imaginar los horribles homicidios que había cometido, -Sabes, lo estuve pensando y no quiero que busques más sangre de inocentes, este castigo que cargas… - exclamo con un hilo de voz que tiritaba.


-No pienses así Leigh, la felicidad y estabilidad que me ha brindado tú familia, ha desaparecido todo castigo – comenté con la esperanza de que se relajara por una buena vez, pero no parecía desear dejar sus propias torturas, porque continuo, - …No me refería a eso, yo…solamente deseo añadir un punto al pacto que lleva mi familia contigo -, lo mire extrañado, porque no entendía a donde deseaba llegar.


Sé que las nuevas generaciones son impulsivas, pero nunca llegue a imaginar lo que iba a ver, porque con rapidez saco del bolsillo de su chaqueta una navaja, y  cortó su cuello, generando una significativa herida, que comenzó a sangrar, - Puedes beberla – exclamo decidido.


-¿Acaso quieres morir? – pregunté casi suspirando. Deshice el nudo del pañuelo que llevaba en mi cuello y comencé a limpiar la sangre que brotaba. Tengo que destacar que era inmune a estas cosas, ya que hace siglos había cuidado a niños, y por obviedad, vivían cayéndose, por ende, la sangre de los  Ainsworth ya no hacía ningún efecto en mí.


- Pensé que podrías beberla, sin llegar a matarme… – respondió molesto, -Leight, te crié desde niño, incluso cuando tus padres murieron, te seguí cuidando, no podría desear tu sangre, ni siquiera si me la regalas de esa forma – añadí conmovido de alguna manera, hasta que volví a escuchar sus acusaciones: -Pero no puedo aguantar que nuestra familia ayude a que sigas matando gente.

Repetí que no hacía tales acciones frustrado, saque el pedazo de tela que se había teñido y observe como su cuerpo reaccionaba ante tal daño, cicatrizándose con rapidez, por lo menos podía estar orgulloso de que estuviera completamente sano.


-…También quería agradecerte… de alguna forma – susurro, mirando la nada, mientras era inspeccionado por mí, -¿A qué te refieres? – pregunté extrañado, -El otro día soñé contigo, veías como cada una de las generaciones de mi familia iban naciendo, creciendo, muriendo y seguías a nuestro lado cuidándonos.



-Ustedes también han hecho mucho por mí –, Intentaba bajar la horrible atmósfera que se formaba, pero el continuo, -Pero jamás podríamos pagarte, así que… por favor acepta mi sacrificio, que no soy bueno para estas cosas – dijo a punto de comenzar a llorar. Al parecer era muy apasionado en sus decisiones, eso le iba a traer problemas en un futuro, pensé para de nuevo mirarlo conmovido, porque de alguna manera, yo era él culpable de su extraña personalidad.


Me permití meditar un poco, porque no podía hacer aquello, iba a traicionar a tantas personas importantes en mi pasado, incluso, sí llegaba a descontrolarme, mataría al último de la familia, y por fin lograría que mis miedos se hicieran una realidad. Volví a mirar sus ojos decididos, que me apuñalaron con una grata sensación, porque en él, vivían las cosas que extrañaba, un mundo pasado y bello, donde la justicia se decidía con la palabra de un hombre.


Deje caer el pañuelo con su sangre y al ver que su petición iba a ser cumplida, nuevamente volvió a su clásica expresión de chico miedoso. Tome su cuello suavemente, provocando que se tensara por su nerviosismo, y con mi brazo libre, lo abrace, recorriendo su cintura, porque si llegaba a hacer un movimiento brusco, mi instinto de defensa reaccionaría, e indudablemente, eso acabaría peor de lo que pudiese desear.



Apoye mis labios en su reciente herida, sintiendo como el sabor se impregnaba en mi boca, cautivándome con su gusto, ya que la sangre recién salida era distinta a la ya extraída. No sé cuál es la razón de esa conducta, pero la sensación de tomar el líquido caliente, es sin duda más intenso que todas las pasiones humanas.


En ese momento exacto, fue cuando comenzaron mis problemas, ya que a pesar de haber vivido esa misma experiencia millares de veces con otros humanos, algo ocurrió que fue distinto, porque este niño, Leigh Ainsworth, ultimo en su familia, primero en ofrecerme algo así, tenía un sabor exquisito, tal vez porque mis sentimientos fraternales hacían mejor la experiencia, o porque lo había cuidado para que fuese un chico sano, y del mismo modo, con un sabor escaso en estos días.


Sin darme cuenta, comencé a herirlo, porque deseaba volver a abrir el corte, para que fuera más profundo y pudiese alcanzar más ese placer, pero un “Tsk…Lys..andro” me despertó, y lo empuje, hasta que cayó al suelo. Sus ojos me miraron perdidos, y dirigió una de sus manos a su cuello, para cubrirse e intentar apaciguar el dolor.


“¿Qué había hecho?”, me pregunte, para llegar a una peor pregunta, “¿Qué había intentado hacer?”. Al analizar todo fugazmente salí corriendo, y a pesar de que escuche su voz intentando detenerme, desaparecí con rapidez.






-----

No hay comentarios.:

Publicar un comentario