Capítulo 1: Una promesa, un alivio
Parejas: [Lys x Leigh] [Castiel x Lys]
El primer capítulo es
relativamente lento y aburrido, pero intente reflejar la vida que ellos sentían
llevar, lenta, sin nada más que bellas vistas y su familia. Por obviedad, un
infierno para un adolescente; así que no se desesperen, se vuelve mejor, se los
prometo.
Atte a Lady
----
Muchas personas toman a la
ligera las promesas, convirtiéndolas solo en deseos absurdos que no
tienen espacio en el mundo real, así que utilizan la palabra solo para decorar sus
frases; pero estas tienen su magia, más cuando vienen con toda la sinceridad
que las caracteriza, o mejor dicho, eso deseo pensar, ya que una de estas, es
lo que produce que siga respirar tranquilo aun.
Todo comenzó en un en un lugar perdido en la zona campestre del sur de Francia, donde todo mi mundo parecía un cuento sacado de algún viejo estante, lleno de repetitivas situaciones en un paraíso natural, donde mi vida transcurría con el encanto del ayer. Para muchos esto era la felicidad, pero para mí, era una caótica novela, llena de fisuras que se intentaban ocultar, las cuales se transformaban en los fantasmas que habitaban mi mente, consumiéndome día tras día.
Mi primer fantasma, era la más cruda y aberrante realidad que hubiese encontrado en mi vida, era algo que aun no podía aceptar con todas sus letras, pero podía sentirlo y de la misma forma, ocultarlo. Yo...ya no quería a mi hermano de la misma manera.
Primero pensé que era simple admiración porque él siempre se mostraba como un ser perfecto, que podía provocar que mi corazón latiera y se estremeciera por cada sonrisa que me brindaba.
Después invente muchas ideas para poder argumentar mis sentimientos, pero todas eran falsas, ya que no era mi timidez, mi inseguridad, su belleza o talento, porque toda mi imaginación se disolvía cuando recibía algún gesto de amabilidad, y repetía en mi corazón que lo amaba, y nunca nos alejaríamos; pero por mi pecado, estos pensamientos acabaron cuando llegó esa horrible tarde.
Ese día, Leigh y yo caminábamos en rumbo a nuestro hogar, pateando piedras, conversando de los pequeños problemas que pudiésemos tener en nuestras simples vidas o de nuestros más íntimos deseos. ya que así éramos los hermanos Ainsworth o así nos conocían: "jóvenes sencillos, ingenuos, tímidos", y pesar de que considerara que no teníamos estas características, porque ambos habíamos crecido y cada uno tenía sus propias necesidades, intentábamos seguir creyendo que teníamos una alianza inamovible, que solo podía nacer del más puro amor fraternal.
El cielo comenzó a cambiar, convirtiendo la vegetación de los prados cercanos en una visión anaranjada, nuestras sombras se extendieron y la piel de cada uno, comenzó a brillar con los últimos reflejos del sol.
- Lysandro…-dijo mi hermano mayor, con un tono
casi inexistente, equivalente al de un susurro, y se detuvo, esperando a que lo
mirase en la misma estática posición, así que me di vuelta, rebelando mis singulares ojos, que hicieron sonrojar a Leigh, o eso creí haber visto y continuo, - Ya lo decidí, me iré a la ciudad y abandonare
mis estudios – afirmo con una franqueza poco característica en él, revelando la seriedad del caso.
Recuerdo que paso una suave brisa, que estremeció nuestros cuerpos, dando paso al frió de la noche. Esta fue de seguro, la primera señal que revelaba que nada bueno se avecinaba, pero no dejamos de mirarnos; ya que aquella posibilidad la conocíamos, en algún momento nos separaríamos, pero no pensé que fuese justamente en ese momento.
Recuerdo que paso una suave brisa, que estremeció nuestros cuerpos, dando paso al frió de la noche. Esta fue de seguro, la primera señal que revelaba que nada bueno se avecinaba, pero no dejamos de mirarnos; ya que aquella posibilidad la conocíamos, en algún momento nos separaríamos, pero no pensé que fuese justamente en ese momento.
- Me alegro por ti, espero que me envíes fotos – exclame con una falsa sonrisa, soportando la apuñalada que se fundía en mi pecho, ya que no podía pedir que me esperara, era un sacrificio que no podía rogarle, a pesar de que hace unos años
habíamos acordado irnos juntos, por esto, sus palabra me habían caído
rudamente, ya que, por primer vez, me había roto una promesa.
Suspire sólo porque no sabía que pensar, no me sentía triste para llorar, ni tampoco tenía la intención de reírme y felicitar a Leigh por su nueva aventura, porque me destrozaba la idea de no poder tenerlo tan cerco como siempre. Tal vez estaba siendo egoísta, pero era un chico tímido, como había dicho antes, incluso me costaba hablar con mis padres, ¿Qué sería de mí, sin la protección de mi hermano? Siempre, desde que tenía memoria, me había cuidado, así que no existía una vida en la que no estuviese junto a mí.
Escuche como mi madre repetía mi nombre con violencia, de seguro hace un buen rato lo exclamaba y no me había dado cuenta, por lo tanto, bote mi libreta y corrí hacía la escalera, baje al primer piso y salí al patio, encontrando la cena servida. Como siempre, me acomode junto a mi hermano, que me recibió con una amable sonrisa, la cual conteste de la misma manera, aun que la mía no era tan encantadora, porque, lamentablemente, no era el agraciado de la familia,
Lo que paso a continuación fue una foto, un recuerdo estático, que a pesar de que viví lo mismo por muchos años y con la mismo ritmo, por primera vez me pareció significativo, por ende, desee estancar ese momento donde disfrutábamos de la comida, nos reíamos de la simple vida y aun podía disfrutar de la gracia de Leigh. Incluso por un segundo me pareció una mala broma la idea de su próximo viaje, ya que parecíamos ser felices de esa manera
Esta bien, lo acepto, yo lo amaba y no podía volver a quererlo como lo había hecho en mi infancia, pero a pesar de que tenía finos rasgos, los cuales superaban a las facciones de todas las personas que conocía, y su cabello, junto a sus ojos, eran del más puro negro, yo ya no podía hablar de una belleza física que me atrajera y cautivara, sino que su personalidad se acoplaba a la perfección con la mía, porque ambos eramos callados y disfrutamos de nuestro silencio, sin contar que me hipnotizaba con su infinita calma, que parecía no ser removida por nada, a menos que le indicaran que tenía que cocinar, porque ahí si que era un lío, pero olvidando esto ultimo, sentía que era la persona indicada para compartir el resto de mis días. Aun que pronto se rompería ese objetivo que me había planteado.
Lo mire unos segundos, sin que nadie se diese cuenta y me volvió a sonreír, "¿Por que sonríe tanto?", siempre me repetía esta pregunta, nunca encontraba una respuesta certera. Me levante, llevando mis platos a la cocina. Intentando dar el día como finalizado, porque ya había vivido demasiadas emociones para poder dormir satisfecho por poseer algo nuevo en mi vida repetitiva.
Realice instintivamente todas mis actividades nocturnas para dormir plácidamente, y termine dejando que mi cama soportara mi peso, porque me derrumbe sobre esta, "Caminar cada día ese trayecto, no debe ser normal" pensé, ya que siempre llegaba muy cansado, y por la misma razón, termine desmayan dome en mis sabanas,
"Yo no quería que se fuera", esa era la verdad, necesitaba que se quedara conmigo, que continuara soportara el infierno continuo de vivir aquí, pero yo no podía entregarle ninguna clase de promesa que argumentara que algún día fuéramos felices, ya que "yo no podía hacerlo feliz", esa era la verdad, "conmigo no bastaba".
Desperté sudando, como si hubiese pasado la peor pesadilla de mí vida, a pesar de que no entendía que había soñado realmente, pero me había dejado atónito. Me senté unos segundos, intentando recuperar mi respiración normal. Esta era la segunda advertencia de que nada bueno iba a pasar, pero aun no entendía los efectos que presentaba mi cuerpo cuando se avecinaban malas experiencias.
Escuche unos pasos y observe como la silueta de mi hermano ingreso a mi habitación. -¿Estas dormido? - preguntó acercándose a la cama, y al verme sentado, se acomoda al extremo del mueble. Por suerte no notó mi nerviosismo, ya que mi habitación estaba diseñada para que no se lograra divisar casi ninguna figura en la oscuridad, pero por algún modo, logre ver su característica sonrisa.
-Lo estuve pensando y creo que debemos irnos juntos – exclamo con optimismo, sin contar que ambos sabíamos que era imposible que nuestros padres se desprendieran de sus únicos hijos con facilidad, - Deja eso para los sueños – contesté frustrado.
Negó con su cabezo y saco un cuchillo de uno de sus bolsillos, -Dame tú mano – dijo con un tono serio. Trague saliva por la solicitud, porque nadie estaría calmado con algo así, pero yo confiaba plenamente en él, así que le extendí mi brazo, esperando lo peor.
Él sostuvo mi mano entre la suya por unos segundos, demostrando que tan nervioso estaba, porque ardía, pero antes de que alcanzara a disfrutar ese momento, acerco el objeto filoso a uno de mis dedos, generando un pequeño corte y sin darle importancia al pequeño quejido que desprendí, continuo recreando el mismo gesto en uno de sus dedos, sin presentar una gota de dolor en su rostro.
Me miro con seriedad y estiro su palma para unir nuevamente nuestras manos, sintiendo como las gotas de sangre caían, juntándose y mezclándose con rapidez.
Me miro con seriedad y estiro su palma para unir nuevamente nuestras manos, sintiendo como las gotas de sangre caían, juntándose y mezclándose con rapidez.
-Los pactos de sangre son
sagrados, no se pueden romper; más cuando tenemos la misma sangre por nuestras
venas – dijo, mirando como el flujo rojo continuaba, para después buscar mis ojos.-Prometo venir a buscarte y viviremos juntos en la ciudad, porque nuestra
unión es más fuerte que cualquiera – añadió con seriedad y yo asentí, sellando nuestra promesa, que nunca nadie podría deshacer, aun que el destino no deseaba seguir nuestras reglas, pero en ese momento ninguno de los dos los sabía.
Ingenuamente cerré mis ojos por unos segundos y en mi interior prometí que algún día se lo agradecería, pero mientras estaba en eso, él se acomodo en mi cama. Hace años que no dormíamos juntos, pero aun así ninguno dijo nada y nos acosamos sin dejar de mirarnos, sintiendo como nuestras manos las juntábamos debajo de las sabanas, sintiendo como el dolor continuaba.
Recuerdo que mi corazón iba a mil por hora, y deseaba con todo mi ser acercarme más y más, hasta fundir mi cuerpo con el suyo, para poder demostrar todos mis sentimientos con caricias, pero no tuve el suficiente valor, como siempre, así que tuve que aceptar que todo era un acto fraternal, porque cerro sus ojos, permitiéndome ver su bella cara una vez más alimentada por la luz de la luna, provocando que mis mejillas ardiesen y por fin, volví a cerrar mis ojos para poder descansar.
Ingenuamente cerré mis ojos por unos segundos y en mi interior prometí que algún día se lo agradecería, pero mientras estaba en eso, él se acomodo en mi cama. Hace años que no dormíamos juntos, pero aun así ninguno dijo nada y nos acosamos sin dejar de mirarnos, sintiendo como nuestras manos las juntábamos debajo de las sabanas, sintiendo como el dolor continuaba.
Recuerdo que mi corazón iba a mil por hora, y deseaba con todo mi ser acercarme más y más, hasta fundir mi cuerpo con el suyo, para poder demostrar todos mis sentimientos con caricias, pero no tuve el suficiente valor, como siempre, así que tuve que aceptar que todo era un acto fraternal, porque cerro sus ojos, permitiéndome ver su bella cara una vez más alimentada por la luz de la luna, provocando que mis mejillas ardiesen y por fin, volví a cerrar mis ojos para poder descansar.
Este hecho fue el que marco mi vida, fue el momento en donde todo se dividió en dos, en una parte quedaron todos mis recuerdos en donde nunca me atreví a confesar mis deseos con Leigh y simplemente deje que el tiempo pasara, y el otro fragmento, iba recién a comenzar.
Paso una semana y tuve que despedirme en la carretera más cercana, cogió un bus, el cual se alejo rápidamente, de la misma manera en la que mi corazón se estremeció. Imagine el momento en donde nuestra promesa se cumpliría y volveríamos a estar juntos, así que solo cerré mi ojos y pensé que no debía estar verdaderamente triste...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario